La esencia de los cuentos¿Cuál es la esencia del fresco aroma de las flores que inunda al alma llenándola de dulzuras?...
¿Cuál es la esencia de la calidez de los rayos del Sol, que nos acarician desde lo alto y sin embargo nos dejan la alegría de su calor?...
¿Cuál es la esencia de la armonía del perfecto canto de las aves, que sin pedir nada inundan al día con sus melodías?...
¿Cuál es la esencia de la belleza sublime del arco iris, que se expresa puro y brillante en el cielo para que admiremos la grandeza de Dios?...
Pues su esencia es el Amor.
El Amor Puro, infinito, que inunda todas las cosas llenándolas de Vida.
Así, como perfume suave, el Amor inunda nuestro pecho llenándolo de dulces vibraciones, cual si fueran rosadas. Sentimos que viene desde lo alto, pero al igual que los rayos del Sol, nos dejan su calor tan presente como la caricia más cercana.
Y cuando el corazón rebosa de tanto Amor, se derrama desde allí a la hoja, que recibe letras vibrantes y armoniosas como el dulce canto del ave que siente por fin expresarse porque ha clareado el día.
La belleza se expresa en imágenes, en mensajes grandes, en la pureza... Pues es el Amor quien todo lo llena y al igual que con el arco iris no tiene límites.
Al terminarse el torrente, cual si cesara la lluvia, nace un cuento, que dirigido a los pequeños corazoncitos de los niños, se convierte en puro alimento para la pureza de sus almitas.
Y si los grandes se ponen a tono, grandes verdades en tiernos mensajes encontraran entre líneas y letras.
El Amor ha sido quien obro a traves de nuestros humildes lápices que solo siguen esa corriente que se desborda del pecho hacia la hoja.
Solo somos traductores del Amor eterno, que ha querido expresarse esta vez en dulces cuentos para Ser sentido en otra de sus manifestaciones.
A beber, entonces, agradecidos del alimento del cielo que se desborda para todos los que quieren beber...
Gracias, al Amor eterno...gracias.
¿Cuál es la esencia de la calidez de los rayos del Sol, que nos acarician desde lo alto y sin embargo nos dejan la alegría de su calor?...
¿Cuál es la esencia de la armonía del perfecto canto de las aves, que sin pedir nada inundan al día con sus melodías?...
¿Cuál es la esencia de la belleza sublime del arco iris, que se expresa puro y brillante en el cielo para que admiremos la grandeza de Dios?...
Pues su esencia es el Amor.
El Amor Puro, infinito, que inunda todas las cosas llenándolas de Vida.
Así, como perfume suave, el Amor inunda nuestro pecho llenándolo de dulces vibraciones, cual si fueran rosadas. Sentimos que viene desde lo alto, pero al igual que los rayos del Sol, nos dejan su calor tan presente como la caricia más cercana.
Y cuando el corazón rebosa de tanto Amor, se derrama desde allí a la hoja, que recibe letras vibrantes y armoniosas como el dulce canto del ave que siente por fin expresarse porque ha clareado el día.
La belleza se expresa en imágenes, en mensajes grandes, en la pureza... Pues es el Amor quien todo lo llena y al igual que con el arco iris no tiene límites.
Al terminarse el torrente, cual si cesara la lluvia, nace un cuento, que dirigido a los pequeños corazoncitos de los niños, se convierte en puro alimento para la pureza de sus almitas.
Y si los grandes se ponen a tono, grandes verdades en tiernos mensajes encontraran entre líneas y letras.
El Amor ha sido quien obro a traves de nuestros humildes lápices que solo siguen esa corriente que se desborda del pecho hacia la hoja.
Solo somos traductores del Amor eterno, que ha querido expresarse esta vez en dulces cuentos para Ser sentido en otra de sus manifestaciones.
A beber, entonces, agradecidos del alimento del cielo que se desborda para todos los que quieren beber...
Gracias, al Amor eterno...gracias.
Cuentitos para leer...
Gotas de alma
“El amor desinteresado, todo lo llena.”

-“Shh, silencio”, dijo el girasol, que por ser el más alto del parque, era el primero en avisar cuando alguien se acercaba.
-“Es la niña, es la niña”, dijeron inquietas las dalias.
Es verdad era la niña. Era Alba, la niña de la casa, quien alimentaba con su radiante amor, a todas las plantas y árboles que vivían en su jardín. Cierto es que ella, no lo sabía pero muy bien lo hacía.
“Ven hijita, vamos a sentarnos aquí, al lado de la lavanda, a que nos llene de su perfume, mientras te peino”, le decía Alba a su muñequita, mientras se sentaba.
La lavanda se movía y vibraba suavemente por la alegría de haber sido la elegida por Alba para esa tarde.
El amor de todo niño es una fuerza mágica que en su pureza es fuente de vida para el que lo recibe.
Nadie mejor que las plantas, con su gran sensibilidad, para ello.
Solo de estar a su lado, la lavanda comenzó a tomar de la radiación de amor de Alba, simplemente de su juego con la muñeca, y comenzó a erguirse, llevando ese amor a cada pimpollo haciéndolos explotar en bellísimas flores violetas.
-“! Qué hermoso es el olor de tus flores, lavanda!” dijo Alba, mientras acariciando suavemente toda la planta, salía corriendo hacia su casa.
-“Uauuu… hoy es el día más feliz de mi vida.” dijo la lavanda a la enamorada del sol, que era su vecina. “La niña me visitó y mis flores se abrieron de alegría. Ella lo hizo con su amor y encima me elogió. ¡Qué feliz soy!
-“Dichosos somos que en nuestro jardín, haya niños”, decía la enamorada. “Qué tristeza sin ellos… agua, agua, agua y nada de amor. ¿Qué sería de nosotros sin esos angelitos?”
-“Gran verdad dices, enamorada” decía el hermoso rosal blanco, enredado en un álamo plateado, “han observado que los humanos mayores, vienen y nos riegan pero no nos ven del todo. Ya que siempre están pensando en otras cosas y eso hace que no sepan del todo qué es lo que están haciendo, entonces no podemos recibir su amor, porque realmente no están del todo”.
El álamo que escuchaba sereno, muy lentamente (porque los árboles hablan lento) dijo: “¿recuerdan esa vez que el dueño de la casa, casi ahoga a nuestro compañero Cedrón?”
-“Sí,sí,sí”, dijeron con gesto de alarma todas las plantitas del parque.
-“Fue esa vez que el hombre se puso a hablar con el vecino, y de tanta charla, olvido la manguera en la cazuela de nuestro amigo” dijo la lavanda.
-“Pobre Cedrón” dijo la enamorada. “Una semana tardó en tragar todo el agua que le dieron.
Si no hubiera sido por la niña que se acercó a acariciarlo porque veía que se debilitaba, no hubiera podido digerir tanta agua. ¡Qué milagro!
En un día tragó lo que no pudo en una semana, y todo gracias al amor desinteresado de la niña”.
-“¡Gracias al Sol!”, “¡Gracias a los cielos!”, “¡Viva la niña!”, se escuchaba por todo el parque.
Las plantitas amaban a la niña, vivían del agua, de la luz y del Sol, y sus cuerpos eran sanos, pero lo único que alegraba sus corazones, era el amor de Alba.
A Laura, la madre de Alba, le gustaban mucho las plantas y los árboles, pero como todo grande no podía evitar, mientras trabajaba en el jardín, distraerse, pensando en otras cosas.
El árbol favorito de Laura, era el cerezo.
Había plantado uno, y éste sería el primer año que daría frutos.
Laura lo regaba, removía la tierra de la cazuela, lo abonaba, pero…no podía evitar pensar: “¿qué hago de comer hoy?, ¿habrá papas en la verdulería?, tengo que limpiar el piso, uuy tengo que hacer el pan, ¿cómo voy a hacer todo eso?”.
Y volvía a su hogar, sin haberle ofrecido su ayuda al cerezo, dándole un instante de su amor, para que el cerezo despertara de su largo sueño y diera frutos.
-“Parece que no tendremos cerezas este año tampoco”, le decía Laura a su marido.
-“Así parece”, le contestaba él, observando la pereza del cerezo.
Pero…cierto día ocurrió un milagro.
Laura había retado injustamente a Alba, y ésta salió corriendo al jardín asentarse debajo del cerezo, y allí fue, soltó su angustia y se echó a llorar. Varias lágrimas de Alba f
ueron a caer a los pies del cerezo.-“Inmensa dicha la mía”, dijo el árbol.
-“¿Quién dijo eso?”, exclamó Alba sobresaltada.
-“Yo, el cerezo que te da sombra, y que infinitamente agradece tu regalo”.
-“¿Por qué hablas? ¿qué regalo?, dijo Alba, sin entender.
-“De a poco niña. Hablo, como todas las plantas hablamos, con el pensamiento.
Si los humanos dejaran un poco de pensar tanto quizás nos escucharían.
No hablamos con voz ni ruido, sino con nuestro pensamiento.
Y ese regalo que agradezco es tu amor, del cual vivimos todas las plantas de este parque porque tú te entregas a nosotras como eres, en forma pura, y eso nos basta para vivir.
Pero hoy me has dado, el tesoro más grande para toda planta… tus lágrimas.
‘Las lágrimas son pequeñas gotas de la sustancia del alma, y aquellas plantas que sean regadas con esta agua sagrada son benditas para siempre’ dice nuestra ley”, dijo feliz, pero serio el cerezo.
-“Me alegro, de que aunque sea con mi tristeza pueda ayudarlos”, dijo Alba.
-“Para que ya no estés triste, de aquí a cuatro días, verás el milagro, fruto de tus lágrimas”, dijo el cerezo. Y Alba volvió a su casa.
Y así fue.
El primer día, todo el cerezo apareció milagrosamente, lleno de flores.
El segundo día, aparecieron pequeños frutos y sus hojas.
El tercero crecieron, y el cuarto día, eran hermosos y brillantes frutos como nu
nca se han visto.
Nadie podía creer lo que había sucedido, ni lo entendían,
pero lo festejaban con alegría.
Sólo Alba, sabía la verdad.
Ahora sabía que de su amor podía hacer felices a todos los seres que habitaban su jardín. Y de ese día en adelante así fue.
Nunca dejó de hablarles a sus nuevas amigas. Y nunca, nunca se ha visto brillar tanto un jardín, como el jardín de Alba.
Todas las mañanas, lo primero que hace Alba al levantarse es abrir la puerta y decir: “Buen día hermosas amigas. Que Dios las bendiga.”
Las plantas suspiran en su enamoramiento hacia Alba y hacia los cielos, y dan todo de sí, para brillar y decir con nosotros: GRACIAS
La perfección de la oruga
“Esta historia nos enseña que la fe en lo que sentimos nos transforma y nos pone alas”
En un bosque solitario y frondoso vivía una oruga. Una bella oruga, brillante en sus colores y regordeta como son todas las orugas.
En la tranquilidad y silencio de sus días, gustaba deleitarse con las sabrosas hojas que a cada paso el bosque les ofrecía. Imagínense la vida de nuestra oruga, con su lento paso, con su piel suave y brillante confundiéndose con las mismas hojas que eran su comida, su techo y su cama a la vez.
Nada más podía pedir a la Madre Naturaleza, que con amor de madre la cuidaba y hasta arrullaba sus sueños con esa música perfecta y relajante que crea el viento cuando agita las hojas.

Si la lluvia caía, siendo esta la única preocupación de la oruga, buscaba las hojas más grandes para quedarse quietecita debajo de ellas mientras agradecía a la lluvia su beso mojado que le prometía más tiernas y ricas hojas para comer. Porque las orugas son muy golosas y creo que debe ser por eso que son regordetas.
Así vivía nuestra amiga su suave y abundante vida sin preguntarse nada, sin distraerse, agradecida y feliz por despertarse todos los días y sentir los rayos del sol filtrarse entre las hojas y entre luces y sombras sentir Su Presencia, y saber que gracias a Él la vida seguía palpitando en todo, tan hermosa y llena...
Así pensaba nuestra amiga oruga, o mejor dicho, lo sentía a través de su corazón que estaba conectado con el corazón de la Madre Naturaleza.
Todo lo que ella era, hacía o sentía lo debía a esa unión y cuando su corazón le decía que haga tal o cual cosa, sin preguntarse, iba hacia eso.
Así pasaba sus días desde siempre, y así parecía que iban a pasar hasta que un día sintió que algo iba a cambiar.
Las deliciosas hojas que la rodeaban como un manjar en espera de ser comido, de pronto ya no tentaron su pancita y se sintió por primera vez un tanto pesada.
Se trataba de una rareza por demás para ella, pero continuó caminando con su paso lento hacia no sabía donde.
Podríamos pensar que en su caminata se preguntaba por que, o cuando dejaría de caminar sin comer, que era desde siempre su actividad principal. Pero nada de eso ocurría:
caminaría hasta que su corazón le dijera qué hacer con todo esto nuevo que le pasaba.
Así ocurrió, y en el momento preciso en que paró de caminar, supo que tenía que construir una casa-capullo para dormir un sueño que empezaba a pesarle en todo el cuerpo.
Sin saber como, ya que nunca antes lo había hecho, empezó a trabajar paciente y constante. Al terminar se sorprendió de su propia obra que era un bello capullo, que pendía de una rama, como hecho de cristal, tan suave y delicado como una gota de agua y de un color radiante y luminoso como sólo los hay en la naturaleza.
La oruga se acurruco allí y lo selló por dentro.
Apenas quedó encerrada, el sueño que había empezado a sentir antes se convirtió en una pesada carga imposible de llevar e instantáneamente se quedó dormida.
Recordó antes de cerrar sus ojos, sus días entre las hojas, deleitándose a toda hora, pero el recuerdo le pareció viejo y no creyó que fuera capaz de volver a vivir así.
La oruga durmió mucho, no midió el tiempo, pero sintió que fue mucho más de lo que duerme una oruga normalmente.
Cuando despertó, se encontró de nuevo en el capullo, pero algo le decía que las cosas ya no eran igual que antes…
Las paredes de su casa empezaron a crujir como a punto de romperse hasta que la base del capullo se desprendió como si se hubiese abierto una puerta.
Nuestra amiga comprendió que era el momento de salir.
Hizo un esfuerzo para arrastrarse afuera, pero descubrió que ya no había ni esfuerzo ni le era necesario arrastrarse porque ahora era tan liviana que dos bella y armónicas alas eran capaces de permitirle flotar y aletear en el aire.
Difícil imaginar la alegría como una explosión en el corazón de nuestra oruga que
ahora era mariposa.Volando fácilmente llegó hasta el río, hacia donde siendo oruga mucho tiempo le costaba llegar. Ahora había sido cuestión de un momento y ya estaba allí, tomando de esa agua cristalina que tanto le alegraba.
Su imagen reflejada como en un espejo, fue un regalo del agua que reía junto con ella de tan bellia y sutil condicón.
Ser mariposa era para ese corazón todo cuanto se puede pedir a la Madre Naturaleza.
Su alimento lo tomaba ahora del dulce néctar de las flores y de su colorido polen.
Si antes disfrutaba de las hojas tiernas, ¿Cómo sería ahora volar inquieta de una flor a otra, tomando de lo mas dulce y puro de ellas para ser mensajera de amor entre ese mar de colores que eran las flores?
Nunca imaginó la oruga que detrás de su felicidad habitual podría existir tal estado de plenitud.

Quiero y Gracias

Dos montañas había en la isla. Tierras fértiles, llenas de árboles frutales, arroyuelos y todos los dones que la Naturaleza nos puede dar.
En una vivía un niño llamado Gracias, en la otra vivía un niño llamado Quiero.
Gracias era un niño suave, alegre y lleno de amor.
Nunca olvidaba agradecer cada obsequio que la Madre Tierra le daba.
Madera para construir, para cocinar, para alumbrar.
Unos hermosos corderos le daban lana para hacer sus ropas.
Todo tipo de alimentos de diversos colores, formas y gustos.
Unos gustaban esconderse en los árboles, otros debajo de la tierra, y otros gozaban mostrar su belleza colgando de alguna enredadera.
Para gracias, la alimentación era un juego eterno de buscar, encontrar y agradecer.
La Madre Tierra reía de ver a su hijo feliz, y le daba más y más.
Gracias, en su simpleza, nada pedía, porque su madre le daba más de lo que él imaginaba que podía necesitar.
Vivía en la alegría, porque nada pedía y todo se le daba.
Quiero era un niño travieso, desordenado, con los cabellos crecidos, siempre en la cara, que parecían no dejarlo ver.
Exageradamente glotón, no apagaba su hambre hasta haber devorado todo.
Luego de comer toda la fruta del árbol, su frase era: “Quiero más, quiero más.”
Tomaba un palo y golpeaba al árbol hasta asegurarse que no quedara una.
Todo le parecía poco y soñaba conquistar otras montañas.
Su Gran Madre lo miraba triste, pero eternamente paciente, seguía ofreciéndole sus dones, para que su hijo Quiero, escuchara la canción de la alegría; y él semidormido seguía diciendo: “Quiero más”.
Cada uno es responsable de sus actos.La madera de Quiero se lleno de termitas, la hizo muy frágil y poco útil.
Las frutas se agusanaron, debido a una invasión de moscas.
Dejó de llover, faltaba el agua y los animales enflaquecían.
Quiero maldecía a la Naturaleza, y veía escasez en ella.
Gracias gozaba de la providencia.
Tanto se le daba, que comenzó a guardar sacos de alimentos en lugar seguro creyendo que otros podían necesitarlo.
Todo se reproducía, brillaba; y Gracias cantaba alegres canciones a la Naturaleza, festejando su abundancia.
Quiero tuvo verdadero hambre por primera vez.
Desesperado, trepó a la cima de su montaña, y desde allí vio la montaña de Gracias.
En instantes estuvo allí.
Quiero encontró a Gracias. –“Tengo hambre, ¿es tuya esta montaña?” dijo.
-“No, no es mía. Yo vivo en ella, y ella todo me lo da para que viva. Vamos, compartiremos todo lo que tengo.” Dijo Gracias.
Quiero atinó a correr hacia el primer frutal que vio.
Gracias lo tomó de la mano, frenándolo. Lo miró a los ojos y le dijo:-“Primero debo prepararte.”
Lo llevó hasta un estanque natural que se formaba en el arroyuelo. Lo bañó, lo peinó, lo vistió de blanco y cuando ya estaba listo, le dijo:-“Ahora sí, la abundancia de nuestra generosa Madre te abre sus puertas.
Recuerda siempre agradecer su constante amor, y la alegría será en ti.”
Quiero estaba asombrado, solo atinó a decir un suave gracias, y ambos corrieron a comer.
La Madre reía y se sentía completa. Ahora sus dos hijos jugaban y reían juntos.
Quiero conoció la alegría, cuando conoció a Gracias.

